Piscifactorías: Granjas intensivas de peces

Granja intensiva de rodaballos

No, las piscifactorías están muy lejos de ser una solución, de hecho, todo lo contrario.

Las piscifactorías son terriblemente crueles con los animales ya que ni existen unos mínimos aplicables de bienestar animal. No son nada ecológicas, sino todo lo contrario. Y, además, tampoco producen un pescado de calidad rico en nutrientes como el omega 3, fósforo, etc, debido a las condiciones de hacinamiento y mala alimentación a la que se ven sometidos, ya que su alimentación es a base de piensos. 

Las instalaciones son terroríficas, caracterizadas principalmente por un hacinamiento brutal, algunas veces son jaulas o vallas metálicas introducidas en ríos, lagos o en el mar. Pero también las encontramos en tierra firme. De hecho en el centro de España hay varias piscifactorías, piscinas gigantes donde son criados al año unos 120.000 millones de peces.

Hacinamiento insoportable

Los peces se vuelven locos en estas “piscinas” abarrotadas de peces.

No pueden utilizar sus sentidos. Chocan constantemente unos con otros y contra las propias paredes o vallas metálicas, lo que les producen cortes y laceraciones en sus aletas y escamas.

Pero además para todas aquellas especies que en libertad forman jerarquías sociales, estas circunstancias les hacen comportarse de una manera muy agresiva, llegando incluso, en muchos ocasiones, al canibalismo.

La falta de oxígeno, debido al propio hacinamiento, les genera también muchísimo estrés, muriendo en muchos casos por asfixia.

Inanición forzosa antes de su muerte

Además antes de su muerte se les hace pasar un hambre extrema. Tan solo los alimentan para que sus cuerpos puedan asimilar dicho alimento y transformarlo en carne. Por lo tanto, los granjeros entienden que es un desperdicio alimentar a unos animales que están cerca de la muerte.

Y además ésta, su muerte, es absolutamente terrible también ya que los métodos más habituales utilizados son: electrocución, asfixia o golpes.

Efectos desastrosos en el medioambiente

Pero además de la explotación y el maltrato animal existentes en estos sitios, la repercusión en el medio ambiente también es letal. Se emplean productos químicos muy agresivos para el tratamiento de las aguas, además del empleo sistemático de fertilizantes, desinfectantes, sustancias anti-bacterianas, una cantidad ingente de antibióticos y otros tipos de medicamentos, plaguicidas, aditivos alimentarios, anestésicos, etc…

¿Seguís viendo comer peces de la misma manera?

El hacinamiento está “justificado” porque estas explotaciones intensivas deben compensar las muertes de un gran número de individuos debido, a las condiciones de vida. Las ganancias deben de superar las pérdidas, por lo que cuantos más peces tengan, mejor. Y aquí, por supuesto, ni hablar de bienestar animal ni de cualquier medida mínima de protección animal…

El término piscicultura proviene de la concepción religiosa judeocristiana, la cual no considera a los peces ni como animales, sino como frutos del mar. Algo totalmente alejado de la realidad, ya que está más que demostrado que  los peces son animales que sienten exactamente igual que cualquier otro animal, como un ave o un mamífero. Además son inteligentes e incluso forman sociedades complejas.

Por lo tanto, además de sentir dolor, no desean sufrir y, como cualquier animal, también quieren vivir. Cuando un pez es sacado a la superficie empieza a ahogarse, el proceso es muy cruel. Abren la boca e intentar moverse. Se ve perfectamente su dolor. Incluso los peces pequeños emiten gemidos de dolor, pero que nuestro oído no puede percibir.

La solución pasa por no consumir más peces

Sabemos, como ya hemos hablado en otro post, que la pesca está acabando con nuestros mares y océanos. Las cifras son escalofriantes.

Cada año la pesca industrial captura a un número de peces equivalente a la población humana de 142 planetas Tierra. Los peces no se cuentan ni por individuos, sino por toneladas.

Además muchos de los peces capturados por las redes de arrastre no son aptos para el consumo y sus muertes son consideradas desechos.

La industria pesquera mata a más individuos que toda la industria ganadera junta. Y las proyecciones no paran de crecer: la propia FAO calcula que de cara a 2030 se alcanzarán los 200 millones de toneladas de capturas anuales.

Fuentes:

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