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El Matrix carnista, o cómo desaprender las mentiras de la industria

Mano con pastilla roja y pastilla azul

“Matrix nos rodea. Está por todas partes. Incluso ahora, en esta misma habitación. Puedes verla si miras por la ventana o al encender la televisión. Puedes sentirla cuando vas a trabajar, cuando vas a la iglesia, cuando pagas tus impuestos. Es el mundo que ha sido puesto ante tus ojos para ocultarte la verdad.” Morfeo.

Sí, ese mundo que ha conseguido que normalices la tortura, la muerte, el dolor, el sufrimiento… Ese mundo que ha conseguido convencerte de que formas parte de una extraña cadena alimenticia en la que tu única acción para poder alimentarte sea cazar trozos de animales colocados en bandejas blancas de supermercados para posteriormente cocinarlos.

Ese mundo que te ha convencido que beber la leche de otro mamífero es lo mejor no solo para ti, sino también para tu progenie. Qué los huevos los ponen gallinas felices y las vacas pastan libremente por los prados. Que puedes amar a algunos animales mientras te comes y te vistes con otros.

Pero ese no es el mundo real, la realidad está fuera de ese Matrix diseñado por las grandes corporaciones alimentarias. Esas que también se encargan de que los gobiernos funcionen correctamente y que todo siga el orden establecido.

Porque te ocultan la verdad. Te ocultan los mataderos, te ocultan las granjas y te ocultan las condiciones de vida de todos los animales destinados a nuestro consumo.

Puedes mirar para otro lado, seguir creyendo que necesitamos la carne para vivir, que es el ciclo de la vida, que los animales están aquí para nosotras, y que además las leyes de bienestar animal se cumplen….

Pero esa no es la realidad, porque para verla tendrás que salir del Matrix, tendrás que sentir su miedo, su dolor, tendrás que escuchar sus gritos y oler su sangre. Tendrás que vivir con el corazón roto cada segundo de tu vida por todo el sufrimiento que sabes que existe. Pero vivirás con tu conciencia tranquila porque sabrás que tú no estás participando de todo eso.

Elige la pastilla roja, elige la verdad.

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Cosificación como mecanismo de control social

Cerdo en un camión de camino al matadero, con la mirada perdida y triste, mirando a la cámara a través de los barrotes. Foto tomada en una vigilia

¿Qué entendemos por cosificación?

Nos referimos a la cosificación de los animales cuando les despojamos de toda su vida, de todos sus sentimientos, de todo su ser y los convertimos en trozos inertes colocados en bandejas asépticas de supermercados. O lo que es casi peor, vemos con total normalidad trozos de carne, espinas dorsales, orejas, cabezas, bebés… en cualquier mostrador de cualquier carnicería.

En ese momento están siendo cosificados, porque ya no son seres sintientes, que sufren, sangran, sienten dolor, tristeza, miedo o alegría. Tan solo trozos de cosas que, de una forma macabramente eufemística, son llamamos salchichas, hamburguesas, falda, pechuga… Incluso lengua o rabo, haciendo brutal alarde de una disonancia cognitiva realmente alarmante.  

¿Cómo surge la cosificación?

La mayoría de las personas somos empáticas con el sufrimiento animal, de hecho, muy pocas personas serían capaces de matar a un animal con sus propias manos, clavarle un cuchillo mientras grita y pelea por su vida, para posteriormente trocearlo y comérselo. Esta imagen, en líneas generales, es algo que nos horroriza y escandaliza.

Necesitamos cosificar a los animales para poder comérnoslos, para poder inhibir nuestra empatía natural hacia ellos. Necesitamos verlos como recursos, como productos, porque la industria nos ha hecho creer que los necesitamos para poder vivir, para poder alimentarnos o para poder vestirnos. 

Cuando despojamos a un ser sintiente de toda su esencia y transformarlo en algo, no en alguien, lo estamos cosificando.

Esto no es nada nuevo

De hecho, es algo que también se ha hecho con las personas, como con las esclavas y esclavos desde tiempos muy remotos, porque de esta manera nuestra conciencia queda limpia. No estás matando, explotando o torturando a alguien, sino a algo. Por lo que el discurso oficial es que eso no es asesinar, explotar ni torturar. La cosificación es, al fin y al cabo, un mecanismo de defensa ante la consciencia de que lo que estamos haciendo, en el fondo, sabemos que no está bien. Que no es ni justo ni ético.

Incluso en nuestro país el Congreso ha reformado el Código Civil para eliminar la ”cosificación” jurídica de los animales y que sean considerados sujetos de derecho. Esto, como bien sabemos todas, solo aplica a los animales de compañía; perros y gatos. Por desgracia las medidas de bienestar animal no se aplican jamás a los animales de granja, a aquellos que solo sirven para alimentar nuestra desmesurada gula.