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El deshielo y el aumento del nivel del mar

Nueva York inundado con la Estatua de la Libertad en primer plano con agua hasta el pecho y Manhattan al fondo

Una de las consecuencias más graves de esta emergencia climática en la que estamos inmersas, es el aumento del nivel del mar debido al deshielo de las zonas más frías del planeta. De hecho, esta subida del nivel del mar se ha acelerado en los últimos años llegando a cifras realmente alarmantes y nunca hasta ahora registradas.

Cada año se emiten más gases de efecto invernadero…

Los gases de efecto invernadero emitidos por el ser humano hacen que este deshielo por el aumento de la temperatura en el periodo comprendido entre 2007 y 2016 se haya triplicado con respecto a la década anterior. De hecho, desde los años 70 ha desaparecido un 35 % del hielo en el Polo Norte. Pero la emisión de gases de efecto invernadero en general, y del dióxido de carbono en particular, también contribuyen a la acidificación de los océanos. Hacen que disminuya el ph marino, cambiando así la composición química del agua. Y esto afecta al  crecimiento, reproducción y a otros procesos fisiológicos de los organismos marinos.

Lógicamente, el deshielo de los Árticos hace que el nivel del mar suba, algo trágico para muchas zonas y ciudades costeras. Pero además cambiarán los patrones climáticos con el aumento de las olas de calor, las lluvias torrenciales y las inundaciones.

Esto sucede porque el agua que se derrite no solo contribuye a elevar el nivel del mar, sino que altera las corrientes oceánicas, que son las que establecen el equilibrio de las temperaturas a través del planeta, manteniendo algunas zonas con climas estables y llevando calor a latitudes más bajas.

… Y las consecuencias van a ser devastadoras

Los datos de la rapidez del deshielo son espectaculares, de hecho este mismo agosto pasado el casquete glaciar groenlandés perdió en un solo día 11.000 millones de toneladas, cifra récord, siendo más del doble de la media diaria en la época de deshielo.

Pero la pérdida de los glaciares no solo afecta al aumento del nivel del mar, tiene también otras graves consecuencias como, según explica el informe del IPCC The Intergovernmental Panel on Climate Change (siglas en inglés), produce una alteración de «la disponibilidad y la calidad del agua dulce», y esto tiene directamente implicaciones en la agricultura y la producción de energía hidroeléctrica.

Las previsiones desde luego no son nada halagüeñas. En el mejor de los casos, el que recoge el acuerdo del París por el cual la temperatura no debería de aumentar en más de 2ºC, en este escenario se pronostica un aumento del nivel del mar de 43 centímetros para 2100 (tengamos en cuenta que entre 1902 y 2015 el aumento ya fue de 16 centímetros). Y en el escenario más pesimista, en donde las emisiones sigan creciendo al mismo ritmo que hasta ahora, el incremento del nivel del mar llegaría hasta los 84 centímetros y podría superar el metro. 
Así que ya es el momento de poner sobre la mesa y empezar a actuar realmente contra uno de los mayores causantes de toda esta crisis climática: la ganadería intensiva.

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Los pedos de las vacas nos están matando

Vacas hacinadas en una granja en Binéfar

La ganadería emite más gases de efecto invernadero que toda la industria del transporte junta. Sí, has leído bien; coches, camiones, aviones, barcos… Toda.

Este dato no nos lo inventamos nosotras, sino que lo aporta un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). En dicho estudio se demuestra que la ganadería genera más gases de efecto invernadero, el 18% para ser exacto, que toda la industria del transporte en su totalidad. Pero esto no es todo, la actividad agrícola, ganadera y la gestión del sistema alimentario actual generan el 23 % de los gases de efecto invernadero, según un informe del Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés).

Y no debemos obviar el dato de que la mayoría de ese suelo agrícola se utiliza para alimentar a todo ese ganado.

Además es muy importante destacar también que la ganadería es una de las principales causas de la degradación del suelo y de los recursos hídricos.

Tan solo por el uso de la propia tierra, el sector ganadero es responsable del 9% del dióxido de carbono. Pero este porcentaje se eleva cuando hablamos de otros gases de efecto invernadero todavía mucho más peligrosos, como el óxido nitroso, que procede del estiércol y es 296 veces más perjudicial que el dióxido de carbono. Como veis, estos datos son realmente alarmantes, pero aún hay más.

La ganadería emite el 37% de todo el metano producido, este gas es altamente perjudicial para nuestra salud y se origina, en su mayoría, en el sistema digestivo de los rumiantes.

Pero, ¿qué son exactamente los gases de efecto invernadero?

Los “Gases de Efecto Invernadero” (GEI) son aquellos gases que en la atmósfera  atrapan radiación y estos incluyen el dióxido de carbono (CO2), el óxido nitroso (N2O) y el metano (CH4), entre otros. A partir de la revolución industrial, la actividad humana ha causado el aumento de las concentraciones de GEI en la atmósfera lo que ha llevado a un aumento de la temperatura atmosférica de la Tierra, lo que conocemos habitualmente como “Calentamiento Global”.

Durante los últimos dos siglos, la concentración de CO2 y de N2O en nuestra atmósfera ha aumentado un 31% y 16%, respectivamente, mientras que la concentración de metano se ha duplicado en el mismo periodo. De los tres gases mencionados, el más abundante en la atmósfera es el CO2, mientras que el más dañino por su potencial de calentamiento es el N2O.

¡Necesitamos cambios reales ya!

Por lo tanto, no entendemos cómo con estos datos, tan alarmantes y al mismo tiempo tan reales, este tema sigue sin ponerse sobre la mesa. En los debates políticos se sigue hablando de otro tipo de contaminantes como los combustibles fósiles, que sí, cierto, también afectan, pero que no son la causa principal ni del calentamiento global ni de la crisis climática que estamos sufriendo. El mundo necesita con urgencia un sistema alimentario basado en plantas, ya no solo por ética, sino por una emergencia medioambiental.