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Reyes Magos y otros seres mitológicos

dibujo de 3 camellos a contraluz en el atardecer del desierto

Antía y Navia no creen en unicornios. Ni en brujas que vuelan en escobas. Ni en ratoncitos que te traen dinero cuando se te cae un diente. Ni en reyes mágicos montados en camellos. Ni en señores de rojo que vuelan en trineo tirado por renos. No, no creen, y son felices, tremendamente felices.

Porque contar la verdad y no criar en Ia mentira es sano, es bueno y no rompe absolutamente ninguna magia ni ninguna ilusión. Y hablamos con total conocimiento de causa.

Siempre tuvimos claro que no celebraríamos la Navidad con nuestras hijas porque además de nuestra condición de ateos, son fechas bastante tristes para nosotras, con un consumismo desmesurado y demasiada muerte en las mesas. Así que durante unos años nos inventamos, como buenas frikis que somos, que El Elfo de Año Nuevo venía a casa el 1 de enero y repartía los regalos. Era muy bonito, Pablo hasta se inventó un precioso cuento, pero realmente en el fondo, no nos sentíamos nada cómodas con esa mentira y cada vez nos resultaba más difícil de gestionar.

Así que cuando Antía tenía algo más de tres años y Navia como un añito les contamos la verdad. Lógicamente Navia era todavía demasiado pequeña como para entenderlo, pero jamás olvidaremos el momento en el que se lo contamos a Antía y su reacción. Nos miró fijamente, con los ojos llenos de rabia y lágrimas, y nos espetó:

«Vale, eso lo entiendo pero, ¡¿Por qué me habéis mentido?!»

Antía (3 años)

Nos derrumbamos, lloramos y le pedimos perdón. Le explicamos que muchas veces las personas adultas se dejan llevar por tradiciones impuestas socialmente, creyendo que es lo mejor. Pero que nosotras sentíamos que nos habíamos equivocado y que sentíamos aún más haberle contado esa “pequeña” mentira.

Han pasado ya como 5 años y Antía todavía se acuerda y nos lo sigue echando en cara muchas veces… Increíble.

Y sin embargo, nunca han perdido la ilusión ni la magia. Porque la ilusión para ellas es elegir sus propios regalos para el día de Año Nuevo, envolverlos antes y colocarlos en el árbol para abrirlos el 1 de enero.

Su ilusión es saber que nosotras nunca les vamos a mentir ni a ocultar nada. Su ilusión es saber que nunca se van a sentir traicionadas por las personas en las que más confían.

Respetamos las diferentes formas de criar. Nuestras hijas no lo dicen en el colegio porque nosotras así se lo hemos explicado y pedido, pero si lo dijesen en algún descuido, no permitiríamos que se nos cuestione por el hecho de no mentirles a nuestras hijas bajo ninguna circunstancia. Igual que nosotras no cuestionamos que se eduque haciéndoles creer a las niñas y niños en algo que no existe para mantener una supuesta ilusión.

Cada familia lo gestiona de una manera diferente, puede que no la compartamos pero es totalmente necesario respetarla. Entendemos que salirse de lo socialmente establecido chirría y molesta, pero el respeto, sin duda, es la base para poder gestionarlo todo de una manera más gratificante y positiva para todas.