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La importancia del activismo

Cualquier tipo de activismo en la sociedad es necesario y altamente positivo para un mayor avance de ese colectivo o movimiento que demanda un cambio social o cultural.

La visibilización hace que las situaciones sean tangibles, sean reales. En el colectivo LGTBIQ, por ejemplo, se denomina “salir del armario” cuando expones tu preferencia sexual o eliges un determinado género.

Las personas racializadas también tienen sus propias luchas y manera de visibilizar las opresiones a las que se ven sometidas diariamente.

Con el activismo podemos acelerar el cambio

Ya hemos contado anteriormente la importancia del activismo antiespecista con la parábola del perro apaleado y ahora queremos volver a remarcar su importancia.

Por supuesto que hacerse personas veganas y dejar de contribuir a todo maltrato y explotación animal ya es un gran paso, pero, por desgracia, actualmente no es insuficiente

¿Y por qué es insuficiente? Pues muy sencillo… Las cifras lo explican por si solas…

El número de animales muertos es espeluznante

Según datos de la  FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), cada segundo son asesinados en el mundo aproximadamente 2.000 animales para consumo humano, sin contar a los peces. Esto supone unos 345 millones de animales al día y en torno a 60.000 millones de animales al año. En cuanto a los peces, al no existir un recuento individualizado se cuentan por toneladas, siendo más de 140 millones de toneladas al año.

En este link podeis ver de una manera muy gráfica un contador de vidas de animales asesinados por segundo, (no tiene ninguna imagen dura).

Estamos ante un desastre ecológico sin precedentes

En cuanto al medio ambiente todos los expertos coinciden en que los próximos 20 años serán decisivos para tratar de revertir la situación actual de crisis climática y todo lo que esto conlleva, como la deforestación, los incendios, inundaciones, acidificación de los océanos, etc. 

Los datos aquí también son  alarmantes; solamente en la Unión Europea más del  71% de las tierras agrícolas se dedican a alimentar al ganado, según datos del último informe de Greenpeace “Alimentando el Problema. La peligrosa intensificación de la ganadería en Europa”.

Pero por supuesto los datos globales son igualmente terribles. Estamos esquilmando al planeta y sus recursos a una velocidad nunca antes vista. Poniendo como ejemplo un cambio en nuestro modelo alimentario veríamos como solo en España se consume 97 kilos de carne por habitante y año, es el segundo país que más carne consume de Europa, solo por detrás de Luxemburgo. Sin embargo, tan solo reduciendo en un 5% este consumo, como ya se ha dado entre los años 2016 y 2017,  equivaldría al cierre de una central térmica de tamaño medio.

Nos están envenenando

Y desde el punto de vista de la salud, pues más de lo mismo. Actualmente ya diversos estudios han demostrado que catorce de las quince enfermedades crónicas y potencialmente mortales más extendidas de nuestra sociedad se deben al consumo de productos de origen animal. Enfermedades coronarias, determinados tipos de cáncer, diabetes tipo II, Alzheimer, demencia, obesidad, hipertensión… Y en vez de tratar de evitar estas enfermedades atajándolas de raíz, es decir, no comiendo alimentos de procedencia animal y optando por una alimentación basada en plantas, el sistema ofrece curas que son meros parches para curar enfermedades que con otra forma de alimentación no tendríamos.

Conclusión

Por lo tanto y resumiendo, para poder acabar con toda esta situación tan dramática en el menor tiempo posible, necesitamos alzar nuestra voz, necesitamos salir de nuestra zona de confort y luchar por todos esos miles de millones de animales a los que no podemos escuchar. Porque se lo debemos. Existen numerosas formas de activismo tal y como os explicamos aquí, tan solo debes de elegir la que mejor se adapte a ti a tus circunstancias actuales. 

Por ellos, por el planeta, únete a la lucha.

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De dónde sacamos las proteínas las personas veganas

sacos de legumbres a granel

Esta es probablemente la reina de las preguntas en cuanto dices que eres una persona vegana. Y tú, ¿de dónde sacas las proteínas?

Es agotador. Todas las personas veganas, quien más o quien menos, hemos experimentado cómo la persona que tenemos enfrente se convierte, nada más decirle que eres vegana, en una experta en nutrición súper preocupado por tu salud. De repente le interesan temas como las proteínas, la vitamina B12, el hierro y mil cosas más por las que jamás se habría preocupado ni prestado atención (y que muy probablemente descuida en su propia dieta). Y no digamos ya si tienes hijas o hijos… entonces ya además de nutricionistas, se convierten en auténticas endocrinas pediátricas, pero incapaces de entender que se puede llevar una alimentación infantil vegana sin ningún riesgo.

Un tema superado hace décadas por los expertos

La OMS ha declarado que se debe aumentar el consumo de proteínas vegetales, la pirámide nutricional oficial de Canadá ha eliminado las proteínas animales y solo ha dejado la parte de las proteínas, sin especificar su procedencia. Asimismo, cada vez más estudios científicos y asociaciones médicas demuestran como el consumo de proteínas vegetales favorece la salud, ya que revierte y ayuda a combatir un montón de enfermedades generadas por el consumo de productos de procedencia animal.

Y, sin embargo, ahí seguimos, enroscadas en que de dónde sacamos las proteínas… Pues os decimos de dónde sacamos las proteínas principalmente: de las legumbres. Ese alimento tan novedoso, caro y de difícil acceso para la gran mayoría de las personas (modo sarcasmo ON).

Rompiendo mitos sobre proteínas vegetales

Las legumbres son una magnífica fuente de proteínas, muchas de ellas incluso son proteínas completas como los garbanzos, algunos tipos de alubias o el tofu. Y a pesar de la creencia popular, (demasiado popular, ya que esto se desmintió hace más de 30 años), no es necesario mezclar en la misma comida las legumbres sin proteína completa con cereales, para que así se transformen en proteínas completas. Ese proceso lo puedes hacer a lo largo del día ya que nuestra reserva de aminoácidos va cogiendo y transformando lo que necesita a lo largo del día.

Otras fuentes de proteínas vegetales y conclusión

Pero también existen otras numerosas fuentes vegetales de proteínas, como algunas semillas y frutos secos (pipas de calabaza, pipas de girasol, sésamo, nueces, anacardos, almendras, semillas de cáñamo…), quinoa, tempeh, levadura nutricional, o los vegetales de hoja verde. Casi nada, vamos…

Por lo tanto, ya va siendo hora de desmitificar la falacia de que en el reino vegetal no encontramos proteínas porque, de hecho, éstas son en la mayoría de ocasiones de mejor calidad que las proteínas de procedencia animal. No olvidemos que los cinco animales más fuertes y grandes del mundo (gorila, elefante, rinoceronte, hipopótamo y jirafa) ¡son herbívoros!

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Arde el Amazonas. Llora el mundo entero

Paisaje devastador de una amplia zona del Amazonas devastada por los incendios y convertida en cultivo para ganadería

La Amazonia es el bosque tropical más grande nuestro planeta. Brasil es el país que mayor superficie alberga de esta maravilla de la Naturaleza, y también es el país que más permite su deforestación y degradación forestal.

Una de las principales causas de la deforestación del Amazonas son la tala indiscriminada de árboles para poder albergar ingentes superficies de terreno para de este modo instaurar macro granjas ganaderas extensivas y extensas zonas de cultivo. Generalmente son monocultivos, que abastecen a los millones de animales que viven en esas granjas.

Es decir, un círculo vicioso lleno de maltrato animal, explotación, muerte y destrucción del planeta. Todo esto amparado por la gran corrupción existente y la continua vulneración de los Derechos Humanos (solo en 2016 fueron asesinadas 49 activistas), así como el exterminio de multitud de tribus indígenas.

No es el único problema, pero sí el mayor

Cierto que existen otros problemas que contribuyen también a esta deforestación, como grandes proyectos hidroeléctricos o la construcción de enormes carreteras. Pero no debemos obviar que el principal problema de la destrucción del Amazonas es la ganadería industrial intensiva, con todo lo que ello conlleva.

Desde el año 1970 se ha perdido, solo en la parte correspondiente a Brasil, una superficie de terreno equivalente a toda Francia. Y solo en este último año se han perdido 9.762 kilómetros cuadrados de vegetación, el equivalente a toda la provincia de Navarra, este dato es el peor en una década y significa el aumento del 30% respecto al año anterior. Por supuesto, el nuevo gobierno ultraderechista de Bolsonaro tiene mucho que ver con ese atroz incremento.

Sin Amazonas, no hay futuro

La crisis climática que estamos viviendo está directamente relacionada con esta deforestación del Amazonas, que es el pulmón del mundo, y que nos ayuda a mantener ese equilibrio climático vital para la supervivencia del planeta entero.

Y todas nosotras, como consumidoras, podemos paliar esta situación tan catastrófica, podemos tender hacia un modelo alimentario basado en plantas. Porque por mucho que no se quiera ver, aunque cada vez más comités de científicos y expertos lo estén diciendo; el modelo de consumo de carne actual es el mayor responsable de esta deforestación, y, por lo tanto, de esta crisis climática. 

No es sostenible, no es viable y desde luego no es ético continuar con este modelo de alimentación basado en el consumo de animales. No olvidemos que sin veganismo no hay planeta y sin planeta no hay futuro.

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Disonancia cognitiva en el especismo.

Ejemplo de Disonancia cognitiva - Estantería de "arreglos" en el supermercado

¿Qué es la disonancia cognitiva?

En psicología, la disonancia cognitiva se conoce como la tensión o incomodidad que percibimos cuando mantenemos dos ideas contradictorias o incompatibles, o cuando nuestras creencias no están en armonía con lo que hacemos. Las personas tienen una fuerte necesidad interior que les empuja a asegurarse de que sus creencias, actitudes y su conducta son coherentes entre sí. Cuando existe incongruencia entre ellas, el conflicto conduce a la falta de armonía, y esto es algo que la gente se esfuerza por evitar.

La disonancia cognitiva se engloba dentro de la psicología social y no tiene que ser mala de per se. De hecho, puede ser un auténtico motor de cambio y evolución personal. Actúa como mecanismo de defensa en nuestro cerebro, permitiendonos justificar actos que en otras circunstancias nos parecerían reprochables, antes que revisarnos y cambiar nuestra forma de actuar.

Ejemplo de disonancia cognitiva en el especismo

La disonancia cognitiva se produce, por ejemplo, cuando en un supermercado al uso ves una sección llena de trozos de animales que se llama “arreglos” y lo normalizas, pero, en cambio te escandalizas porque a las bebidas vegetales se les llame leche o se diga ‘hamburguesa’ también para referirse a las hamburguesas vegetales.

¿No os dais cuenta de que nos manipulan desde pequeñas? Arreglos no son trozos de cadáveres, arreglos son otras cosas, pero no debería de ser algo normal que una gran cadena de supermercados tenga una cámara que se llame «arreglos» llena de trozos de animales absolutamente cosificados.

Cuando normalizas el asesinato de billones de animales para consumo humano pero te defines, al mismo tiempo, como amante de los animales, estás cometiendo un ejemplo flagrante de disonancia cognitiva.

Porque todo tu sistema de creencias, lo que te han enseñado y mostrado desde la más tierna infancia, choca directamente con sus sentimientos, con tu empatía y con tu corazón.

¿Porqué nos cuesta tanto darnos cuenta?

La mayoría de las personas no harían daño a un animal indefenso e inocente. Muy poca gente podría coger un cuchillo, degollar a un animal, desangrarlo, trocearlo y comérselo. Entonces, ¿cómo suplimos todo ese proceso absolutamente necesario para poder alimentarnos con animales? Pues de dos maneras muy sencillas. La primera, pagando a otras personas para que lo hagan por nosotras. Y, la segunda, cosificando a todos esos animales, a todos esos seres sintientes. Eso hace que sea mucho más sencillo luego justificar el acto de consumir dichos animales

Por lo tanto, te animo a que reflexiones, o compartas este artículo con alguna persona no vegana para que lo haga… Si tú no serías capaz de matar a un animal indefenso, pero tampoco te has parado a pensar que detrás de ese trozo de animal cosificado en la bandeja aséptica del supermercado, había un ser que no quería morir, que luchó por su vida, que sufrió y que sangró… entonces ¿no estarías incurriendo en un clarísimo ejemplo de disonancia cognitiva?

La solución es sencilla. Hazte vegan.

La respuesta, evidentemente es sí. Pero tampoco tenemos que martirizarnos por ello ya que, por desgracia, este tipo de disonancia es la más extendida desde una perspectiva sociológica. Lo que sí podemos hacer es darnos cuenta de ello y actuar en consecuencia, alineando nuestros valores con nuestros actos de una forma muy sencilla. Dejando de comer animales, dejando de comprar productos testados en animales, dejando de asistir a eventos donde se utilicen animales y dejando de ponerte prendas hechas con piel de animales. En definitiva, siendo una persona vegana.

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Vitamina B12, o la cruz de las personas veganas.

Esa famosa vitamina que nadie menciona en su día a día, pero en cuanto dices que eres una persona vegana es lo primero o segundo que te preguntan. Sí, lo otro es lo de las proteínas…

Cierto, las personas veganas nos debemos de suplementar de B12, una pastillita a la semana de 2000ng y listo, más fácil imposible. Y sí, las personas que consumen animales también se están suplementando a través de estos (los animales), aunque esta información sea todavía muy desconocida para la mayoría.

La Vitamina B12 es una vitamina hidrosoluble vital para el correcto funcionamiento de nuestro sistema nervioso, así como para la correcta formación de la sangre y de algunas proteínas.

Pero esta vitamina, a pesar de lo que muchas personas creen, no es ni de origen animal ni tampoco vegetal, sino que es de origen bacteriano, y son los animales los que las sintetizan una vez que la han ingerido directamente desde la tierra.

Como por desgracia lo que prevalece en el mundo para consumo humano (en un 95% aproximadamente) son las explotaciones intensivas donde los animales no tocan la tierra y tan solo se alimentan de piensos y forraje de monocultivos, es necesario suplementarles también con esta vitamina a través de su comida. Por lo tanto, las personas no veganas se están suplementando igualmente de una manera indirecta, y las personas veganas lo hacemos directamente con una pastillita a la semana.

Además, tenemos la suerte de que la vitamina B12 se pueden sintetizar fácilmente en un laboratorio, sin que ningún animal tenga que sufrir para ello y su fabricación es muy económica.

Por lo tanto, todo ese debate tan absurdo de que las personas veganas debemos de suplementarnos y que sin la química no podríamos vivir es absolutamente falaz. La inmensa mayoría las personas del mundo, veganas o no, se suplementan de B12. Solo que algunas lo hacemos sin la necesidad de participar en la explotación y muerte de seres sintientes e inocentes.

Para tener más información sobre este tema podéis consultar nuestro vídeo en nuestro canal de Youtube dónde explicamos este tema de una forma dinámica y fácil.

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Nuestras NO Navidades

Antía y Navia con los brazos y la cara pintadas abrazándose sobre fondo negro

Es curioso pero cada vez que le contamos a alguna persona cómo enfocamos nosotras las Navidades siempre recibimos la misma reacción: Qué envidia, ¿y cómo lo habéis hecho? Pues fácil… ¡Haciéndolo!

Bueno, realmente, no para todo el mundo es fácil. Entendemos perfectamente que las relaciones familiares son complejas y con muchas emociones y sentimientos de por medio, así que aquí solo os vamos a contar cómo lo hemos gestionado nosotras y como “celebramos” nosotras estas fiestas, por si os puede dar alguna idea o servir de ayuda.

Ya desde antes de tener a las niñas no solíamos celebrar la Navidad. De hecho, solíamos viajar a países musulmanes en dónde no tuviésemos ningún tipo de reminiscencia de la Navidad.

Al nacer las peques, al principio, sí que nos reunimos con la familia, pero todo nos resultaba demasiado trabajoso: tener que llevar nuestra propia comida, sentarnos en una esquina de la mesa para poder sobrellevar la presencia de animales muertos que en ella había, la pata de jamón en la cocina, comentarios jocosos, etc… ¿Os suena, verdad?

Y una Nochebuena, cuando Antía tenía 3 años y Navia tan solo 1, estábamos nosotras en nuestra esquina de la mesa con nuestro redondo de seitán relleno y Antía nos preguntó bajito: ¿Qué tienen en esa fuente? Les pregunté y me contestaron: Es ternera en salsa. Yo yo le respondí a Antía en voz alta: «Cariño, es un bebé de vaquita». Ya os podréis imaginar el momentazo… comentarios, malas caras… Total, que esa Nochebuena decidimos que era la última que pasábamos en familia.

Por suerte tenemos una casita en un pueblo de la Sierra de Gredos a dónde vamos para escapar para desconectar y reconectar con nosotras mismas. Donde refugiarnos cada año en estas fechas. Y es ahí donde también creamos nuestras propias tradiciones como, por ejemplo, la celebración del Solsticio de Invierno con nuestros pequeños rituales, que no son otra cosa que propósitos de nuevo año y valoraciones o aprendizajes del año qued dejamos atrás. 

Nochevieja, en cambio, sí que lo celebramos siempre. Pero desde hace ya unos años de una forma también alejada de la familia, generalmente hacemos una cena en casa con amigas. Y , como ya os comentamos en otro post, los Reyes tampoco los celebramos, ya que los regalos nos los damos el día 1 de enero.

Por lo tanto no nos reunimos en estas fiestas con la familia extensa. Las pasamos solas, tranquilas, las cuatro. Disfrutándonos mucho, sin cadáveres en las mesas ni grandes comidas copiosas. Las pasamos en contacto con la Naturaleza, con la chimenea, con tranquilidad y dándonos tiempo de calidad.

Paséis como paséis vosotras las navidades, sin duda esperamos que lo paséis genial y que os sirvan para desconectar, recargar pilas, ver a la familia o hacer ese viaje que tanto os apetece. Las celebréis como las celebréis, que tengáis unas felices fiestas y una mejor entrada de año, que estrenamos década y hay que afrontarla con energía y positivismo.

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Regalos para no celebrar la Navidad

cajas con juguetes y libros para donar a las personitas más desfavorecidas

En estas fechas tan sumamente consumistas os queremos contar cómo gestionamos nosotras el tema de los regalos en casa y con nuestras hijas.

Nosotras no seguimos ninguna tradición, salvo la cena de Nochevieja, y otra que sí seguimos manteniendo con nuestras hijas es algo que ya hacían mi padre y mi madre siempre conmigo (Rocío): Antes de escribir la carta a los Reyes tenía que hacer una selección de juguetes y donar los que ya no quería para las niñas y niños que, por desgracia, no podían tener regalos en esas fechas. Lo recuerdo con mucho amor.

El día que, entre las dos, van seleccionando y apartando lo que quieren donar lo hacen llenas de felicidad, de una manera consciente y empática. Saben lo afortunadas que son y saben valorar realmente todo lo que tienen.

Como ya comentamos la semana pasada, evidentemente nuestras hijas no escriben carta a ningunos Reyes, pero sí deciden qué regalos quieren el día 1 de Enero, que es el día que nos los damos para festejar así el comienzo de un nuevo año.

Pero además seguimos la regla de los cuatro regalos o, por lo menos, intentamos seguirla en Ia medida de lo posible, ya que algunos años no nos cuadra del todo y la adaptamos. Así evitamos el consumismo desmedido, controlamos más el número de regalos y educamos a nuestras hijas en un consumo más responsable y consciente. Por si no conocéis la regla es esta:

  • Algo que sirva para llevar.
  • Algo para leer.
  • Algo que realmente necesiten.
  • Algo que deseen.

Por último, y con nuestra reciente incursión en el apasionante mundo del movimiento zero-waste, también procuramos buscar alternativas de segunda mano a los regalos que estamos buscando, antes de consumir un producto nuevo.

Con este tipo de información, lo único que pretendemos es mostrar cómo lo hacemos nosotras, lo que nos cuadra y nos parece lo mejor, porque así lo hemos decidido. Si a alguna persona le puede ayudar a cambiar o mejorar su visión o perspectiva, pues genial. Y sino, pues perfecto también. Nosotras ni cuestionamos ni imponemos ni juzgamos en ningún momento otras formas de educar. Solo mostramos que otra manera de hacer las cosas también es posible, bonita y enriquecedora.

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Cosificación como mecanismo de control social

Cerdo en un camión de camino al matadero, con la mirada perdida y triste, mirando a la cámara a través de los barrotes. Foto tomada en una vigilia

¿Qué entendemos por cosificación?

Nos referimos a la cosificación de los animales cuando les despojamos de toda su vida, de todos sus sentimientos, de todo su ser y los convertimos en trozos inertes colocados en bandejas asépticas de supermercados. O lo que es casi peor, vemos con total normalidad trozos de carne, espinas dorsales, orejas, cabezas, bebés… en cualquier mostrador de cualquier carnicería.

En ese momento están siendo cosificados, porque ya no son seres sintientes, que sufren, sangran, sienten dolor, tristeza, miedo o alegría. Tan solo trozos de cosas que, de una forma macabramente eufemística, son llamamos salchichas, hamburguesas, falda, pechuga… Incluso lengua o rabo, haciendo brutal alarde de una disonancia cognitiva realmente alarmante.  

¿Cómo surge la cosificación?

La mayoría de las personas somos empáticas con el sufrimiento animal, de hecho, muy pocas personas serían capaces de matar a un animal con sus propias manos, clavarle un cuchillo mientras grita y pelea por su vida, para posteriormente trocearlo y comérselo. Esta imagen, en líneas generales, es algo que nos horroriza y escandaliza.

Necesitamos cosificar a los animales para poder comérnoslos, para poder inhibir nuestra empatía natural hacia ellos. Necesitamos verlos como recursos, como productos, porque la industria nos ha hecho creer que los necesitamos para poder vivir, para poder alimentarnos o para poder vestirnos. 

Cuando despojamos a un ser sintiente de toda su esencia y transformarlo en algo, no en alguien, lo estamos cosificando.

Esto no es nada nuevo

De hecho, es algo que también se ha hecho con las personas, como con las esclavas y esclavos desde tiempos muy remotos, porque de esta manera nuestra conciencia queda limpia. No estás matando, explotando o torturando a alguien, sino a algo. Por lo que el discurso oficial es que eso no es asesinar, explotar ni torturar. La cosificación es, al fin y al cabo, un mecanismo de defensa ante la consciencia de que lo que estamos haciendo, en el fondo, sabemos que no está bien. Que no es ni justo ni ético.

Incluso en nuestro país el Congreso ha reformado el Código Civil para eliminar la ”cosificación” jurídica de los animales y que sean considerados sujetos de derecho. Esto, como bien sabemos todas, solo aplica a los animales de compañía; perros y gatos. Por desgracia las medidas de bienestar animal no se aplican jamás a los animales de granja, a aquellos que solo sirven para alimentar nuestra desmesurada gula.

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Embarazo vegano

Ecografia 4D de Antia

Llevar un embarazo vegano no debería ser más complicado que cualquier otro embarazo. Muchas personas nos preguntan sobre si existe algún riesgo para la mamá o el bebé si se sigue una dieta vegana durante el embarazo.

Nuestros embarazos. Ningún problema por ser vegana.

Mi embarazo fue una decisión muy meditada en todos los sentidos, y, por supuesto, también en lo que a la alimentación se refiere.

Como ya he comentado en otras ocasiones en mis dos embarazos yo estaba en transición del vegetarianismo al veganismo, por lo que, aunque seguía consumiendo lácteos y huevos, este consumo no era frecuente, ni mucho menos.

Mi alimentación era sana y equilibrada, siempre he hecho deporte y, por suerte, mi salud en esa época era óptima. Elegí obstetra y ya en la primera consulta, al solicitarme los primeros análisis rutinarios, le comenté que era vegetariana… Como si le digo que tengo los ojos azules, no le dio mayor importancia. Para lo único que lo tuvo en cuenta fue para que al recetarme el típico complejo vitamínico para personas gestantes, éste fuese apto.

Por lo demás, exactamente los mismos controles que al resto. Mis análisis siempre fueron perfectos, incluso sin apenas anemia, algo muy habitual en embarazadas.

Ambos embarazos fueron totalmente saludables, con una alimentación normal y equilibrada, basada en legumbres como fuentes de proteínas vegetales, verduras, frutas, cereales integrales, frutos secos y semillas, y, por supuesto, con los complementos vitamínicos habituales de las personas con una alimentación basada en plantas, como es la vitamina B12, y los de las personas gestantes, como el yodo y los complejos vitamínicos completos.

Un embarazo vegano debería ser como cualquier otro.

Os he contado mi experiencia personal, pero en mi caso tuve suerte de encontrarme con profesionales informados y con dos embarazos saludables en lo que a nutrición se refiere. Lo verdaderamente importante es que si hay algún problema típico del embarazo, como la anemia, es imprescindible tener claro que no es por llevar una dieta vegana y que siempre es mejor estar bien asesorada, en la medida de lo posible.

Como siempre decimos, el veganismo hay que visibilizarlo, y nos parece totalmente necesario y fundamental hacerlo también en el sistema sanitario. Demostrar con hechos que las personas vegetarianas o veganas no tenemos carencias nutricionales, y que podemos llevar un embarazo totalmente sano con una alimentación 100% vegetal. Y esto no lo decimos nosotras, lo dicen las mayores asociaciones de nutrición y dietética del mundo.

Por desgracia, todavía existen demasiadas profesionales de la salud que no están actualizadas ni recicladas, pero ese no es nuestro problema, sino el de ellas, así que os animamos a todas a poner en valor nuestro embarazo vegano, a mostrarlo y demostrar cómo un embarazo vegano es perfectamente viable, sano y positivo tanto para la embarazada como para el propio bebé.

Y en el hospital exijamos nuestros derechos

El tema de vuestra alimentación una vez deis a la luz en el hospital ya es otra historia… En mi caso di a luz en el mismo hospital las dos veces, un centro privado, y ya les habíamos advertido, por activa y por pasiva, que era vegetariana. Pues la primera comida tras dar a luz; sí, efectivamente, animales muertos. Pedimos que, por favor, se la llevasen y nos trajesen otra. No recuerdo que era, pero recuerdo que tampoco era apta, otra vez a pedir que se la llevasen y me trajesen algo de comer viable para mí. Pues a la tercera, no lo olvidaré jamás, aparecieron con ¡un arroz blanco! Un puñetero arroz blanco sin absolutamente nada más… Quería llorar, así que allí que se fue Pablo a por una pizza a un restaurante, no sin antes poner una reclamación, por supuesto. Pero bueno, este tema ya sabemos como va y lo complicado que resultan todavía, por desgracia, este tipo de cosas en nuestro país.

Así que no dudéis nunca, y tened claro que, por supuesto, se puede tener un embarazo vegano, perfecto y sano.